malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 17 de agosto de 2017

el cor
























Avui em fa mal, el cor
el bateig, sembla la tremolor més lletja
una mena d'afilades ungles
que m'espesseixen la sang
em venen al cap, ses ferides
de la plaça de Sant Felip Neri
ho puc veure tot 

la rambla ferida
en el moment que es trenca
i pateixo
a dintre
fort.

Trucades.
Missatges.
Ubicar els amats

i després no sé què ve,
un dolor,
anònim, potser,
però fort

Barcelona també és ca meva
El món, és ca meva, 

tu ets ca meva.







lunes, 14 de agosto de 2017

las bajantes del corazón

























Como si sonara un vals de niebla y nicotina,
quiero ponerlo todo perdido de ti y de mí
atender a la sinrazón
ser buena para el fango y los nudos dobles
fermentar en barrica de roble
para acabar habitando las bajantes de algún corazón

romper el cuello del alfil querido que nunca usaré
que los perros y la poesía se parezcan tanto
que acaben haciéndolo en mi salón
que tu carne, suelo lunar
y yo, hendidura-arrebato
sean un instante
territorio transitable

aquí ahora mismo,
se reproduce un ahogo
a cámara lenta

nunca quise un corazón
lleno de parterres
preferí la arritmia,
la palabra-planta venenosa
y la señal subjetiva

una barbilla-taberna
y un semidiós que se hunda,
tranquilo, entre mis brazos
para acabar siendo lechosa marea
y perpetrar el desahogo
alimentar la fosa común de los daños,
que ya hicimos molde para el dolor,
sabemos lo que es el rastro
y cruzamos, en piel, tantas fronteras
que cayeron todas las lágrimas a peso,
y nos aprendimos las rayuelas
que acababan en pozo
o en cuneta que escupe flores

desventura, desnudo, destrozo, despedida
siempre,
rabias negociadas a pares o nones
mascar destellos
durante la alegría
pero el tiempo sólo lo detiene la muerte
la marca que deja la urgencia
se clava bien dentro
pero somos animales urgentes
que quieren mojar cuerpo en salitre
celebrar la ropa interior húmeda
y el miedo nunca a solas
encharcar espacios intercostales
fabricar otras bocas
golpear/acariciar a golpe de espolón
trotonas
como si la vida rebosara rojos inventados
como si nos lo hubiéramos creído todo

nada es inmortal
todo acaba despedazado
en un descampado seco
a las puertas de contenedores de reciclaje
sin saber muy bien
dónde va

dónde vamos.

viernes, 11 de agosto de 2017

J'accuse, Damien Saez




1898, Émile Zola y su famoso artículo J’accuse
2010  Damien Saez, francés de padre español y madre argelina, según Daniel Boluda, adalid del cortavenismo francófono. Enfant terrible, vapuleado por la fina línea que diferencia apología de denuncia.  

Basta adentrarse y fascinarse con sus letras para saber en qué lado se halla. 

YO ACUSO
hace falta gasolina para el coche
esconder la tarjeta de crédito en el coño
hace falta el pavo para Navidad
y hay que broncearse durante las vacaciones

hay que tener saldo en el móvil
para olvidar la soledad
hacen falta chicas que salgan en televisión
también consumir viagra para lograr una erección

hace falta hierba en el tabaco
convendría dejar de fumar
el gimnasio está lleno de máquinas 
donde tambalearse y hay que entrenar

se tiene que cruzar por el paso de cebra
no beber si se conduce
se tienen que gastar los pocos ahorros
y se necesita una red especial para niños

además hay que parecer payasos
tienes que salir en la tele 
para estar en la farándula
con los que tienen dinero

doy paseos por los centros comerciales
donde compro aunque no tenga suficiente dinero
yo avanzo en función de los accesorios
y las basuras ilimitadas

las personas hablan mal
la gente es tonta 
o al menos tan tontos como yo
dejarse hacer, dejarse follar 
y que te preñen
de bebés como hologramas

palabras de amor vía satélite
pero esos cabrones no saben ni leer
ni siquiera saben alimentarse
los transgénicos están en los biberones
sí! y lo mejor es que esto te hará menos estúpido
cuando mueran por la mutación de la gripe porcina de los cerdos

Oh! el hombre no desciende del mono
más bien desciende del borrego
Oh! el hombre no desciende del mono
más bien desciende del borrego
 (...)

Parece que hay que despedir a los profesores
y también a los trabajadores sociales
Los funcionarios no sirven de nada
ni las enfermeras que cobran mil euros
los accionistas tienen que hacer dinero
con la salud y los hospitales

ve a curarte a Inglaterra
ve a ver el aspecto que tienen sus metros
debe haber alguna razón 
ya que hemos perdido nuestras transacciones
dejándonos encular
por nuestras necesidades y nuestras religiones

hay que tirar los móviles a la mierda
así como destruir la televisión
también hay que esposar 
a cada presentador de telediario

yo acuso
desde el megáfono de la asamblea
yo acuso


J'accuse


jueves, 20 de julio de 2017

iluminación de los bajos fondos






























es importante entrar de vez en cuando en uno mismo, deslizarse hasta el fondo como en una barra de bombero, una cucaña bien untada de vaselina, descenso vertical y después un travelling barriendo en todas direcciones. busco el aprendizaje enloquecedor de mis propias bocacalles y esquinas desiertas. ponernos en peligro. hallar paragüero para llantos y vómitos. gritar que nos dejen a solas con nosotros. aplicarnos unos primeros auxilios, tocarnos por debajo de todas las ropas. hacer torniquete en habitaciones solitarias y camas deshechas. tener memoria fotográfica para aquel recodo que nadie aprecia, ese gesto, detalle nuestro que nunca será photocall. justo ahí también hay raíces. justo ahí, también somos melodía que se teje al momento. sacar las sobras milenarias del congelador. cambiar las sábanas y envolvernos en suavizante floral haciendo cueva con las rodillas altas. hacer coleta maraña con las preocupaciones mundanas. desafiar en crudo los equilibrios a los que nos sometemos tan solos fuera de foco. una panorámica de los bajos fondos, con el obturador bien abierto y el minutero desangrado. acotar el escenario de nuestro crimen y reconocer nuestras huellas en cada golpe o garabato, hay arañazos placenteros y caricias vacías. no trucar el kilometraje, no negar carreras a la yegua aunque se perdieran y reconocernos desmejorados, gastados, pero vividos, aún no sacrificados. sabernos cuerpos capaces de hundirse en secano. y tripular sonrientes nuestro corazón entre los escombros en un mig35 en llamas.

regresar a la superficie, bien llenos de deseo y buscar que alguien nos desvalije con ternura, contra la pared, mientras nos golpea los tobillos de la mente y juntos, nos extinguimos.




martes, 11 de julio de 2017

que nuestra piel cubra al animal





























Que no pervirtamos los sabores,
Que busquemos los orígenes y pliegues
Que no nos asuste la convulsión perfecta del cuerpo
Que se derrama exhausto, a bocajarro,
Manando vicio de sus sienes
Cuerpo, forajido, barro entregado
Que se deja a la deriva del goce
Volcar el deseo más primario
Servirlo de entrante a la voracidad
Desnudar los huecos y ofrecerlos sin fronteras
Abrazarnos de raíces
Con palabras alarido
No ser arenales
No ser rocosos
Atravesar el dolor
Tan febriles como vivos
Deambular la guarida del otro a tientas
Con las pupilas dilatadas
Desenroscarnos de nieblas y maromas
Afilar la muerte del anzuelo
No ser de azúcar
Marchitar la hora vacía
Inventarnos turbios cuando se ennegrece la noche
Despojarnos de la esperanza que estrangula los Ahora
Que el corazón sea una tea incandescente
Arrancarnos las coronas
Manosear a la fiera hasta volverla alimento
Cauce de fantasías
Del deseo, despliegue


No ser hacia afuera
Rajar núcleo, hacernos mapa
Huir de la vida doméstica
Abandonar nuestro extrarradio
Eterno despegue
Lamedores de almas
Goteando océano
Abrirnos de cabeza, entraña y vientre
Triángulos que enloquezcan radares
Cascabeles tintineando su veneno
Como gatas ronroneantes
Con sus colmillos travesura
Nucas temblorosas que se mojan de verano
Rumiando suciedades
Emborracharme de tu saliva
Que el fuera de nosotros sea intransitable
El movimiento feroz en mandíbula y cadera
Dar tumbos en tu cabeza mientras me vistes de verde

Romper balanzas
Fundirnos en rojo
Vibrantes y frágiles
Mares que engullen mástiles
Difíciles de explicar
Desbaratar el entresuelo del verbo
Sepultar con piel lo cotidiano
Desordenar el cabello y el cuerpo
Mientras se enfría el mundo ahí fuera
Hieren las ortigas y las rosas por igual
La caricia anida en tu mano
Y es garra que desmenuza la carne
Tumba tus creencias heredadas
Alborota y desenhebra la cordura
Que se nos mueva el amor por dentro
Como un ave salvaje
Islas y navegantes de miel
La ternura también empuja y empuja
Hermosos como buganvilias enamoradas
Ninfas y titanes que se baten en danzas devoradoras
Agitando espuma y fuego
En crucifixión de cuerpos

Heridos de vida, siempre

miércoles, 5 de julio de 2017

Raskólnikov



La culpa de querer ser tu Sonechka la tuvo leer Crimen y castigo aquel invierno helado viviendo en Berlín. Ese octavo sin ascensor y el alma en cueros en cada descansillo. El glühwein en las venas de todos los fríos bombeando los corazones calientes. La piel acapara los momentos como una coraza permeable o como una alfombra donde dejar nuestro fango, todos los besos unos encima de otros, las caricias todas apretadas en la memoria, los ritos, los cantos, la mente, campo que prende, un concierto de Ani DiFranco, Baise-moi en Central Kino y el humo de todas las rabias de no saber abarcar nuestros mundos, desnudos en la ansiedad de todas las calles, con todos los frentes abiertos y todas las hambres. Tú mordías cielo y subsuelo a partes iguales. Yo mamaba la energía de los sueños en bruto haciendo guarida en el temporal. El tiempo era nuestro, con todo el desierto de Atacama por caer ante nuestros ojos en ese inquebrantable reloj de arena hasta darle la vuelta como si estuviésemos hechos de infinito y no degradación, óxido y nada más.

batiscafo de piel y otros enseres



Al nivel de mar, observo como el tiempo va mutilando la pena, como un oleaje a su costa. Nunca fui un fuera borda. Puse todo lo que tenía. Una xalana y toda la sangre. Mi perímetro y lo que daban mis piernas. Lo más mío. Esperpéntica, braceando en la distancia. Con mis pañuelos blancos. Diciendo estoy aquí. Vacié mis bolsillos. Podían parecer pedazos, pero era yo. Lo que salvé. Lo dispuse todo sobre el mantel. Un picnic. Un corazón en descomposición, los cubiertos, el hambre. 

Más tarde, dedicarse  a describir el fondo pero sin certezas, como un recién llegado que aún no ha encendido la luz y no sabe de la carencia de ventanas. Palpando a kilómetros de distancia. No sé hacerlo mejor, siempre lo dije, no soy la Maga. 



Querer correr sin dorsal, también es eso. Que te entiendan y te abracen y valoren tus abrazos.  

Y finalmente, con peligrosa sencillez, habitar el abismo como el que habita la carne del sueño y hacer de nuestro amor batiscafo.


miércoles, 28 de junio de 2017

siempre la sal

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.
Karen Blixen




jueves, 22 de junio de 2017

Oxígeno y café




Navegamos el veneno
como ebrias estrellas de mar
que sueñan un camino de tierra
y un sol brillante y doloroso
para después
para secar toda la humedad
que no naciera del desgarro

Llegar a casa
y recorrer descalza su suelo frío
desnudarme de escombros sin tregua
remorder el momento
como centinela de tu carne
Detenerme
Escribir un poema honesto y vulgar
que gima azafranes y tristezas
en algunos versos
y el resto sea un derrumbe lento
del edificio melancólico que construyen
las noches y las manos
cuando solos, nos devolvemos a la vida
un vaciado, un reseteo, un exorcismo
programa corto
oxígeno
Uno de aquellos que se olvidan rápido
pero sanan algún pedazo
Arrancar nuestra maleza con virtuosismo
hacer banquete de los restos
inventarle otro nombre a la distancia,
hilo quebrado
no albergar sentimientos tenues

Escalar una vez más tu espalda
antes del linchamiento en cobres y fugas
que son los recuerdos

El bello espasmo del vientre
cuando estalla el epicentro
y todo es perderse
sin correcciones
aprender a rebobinarlo

Lavarse los miedos
y cortar con los dientes
las cuerdas de la mente
aliviar al mundo
tocarse y romperse
roer el hueso de las censuras
que el latido sea un grito
que el deseo no se estanque
sacar del pecho el rompeolas
y en el televisor, apagado,
solo el reflejo de dos cuerpos
clavándose
que el calor no se interpreta
que somos termómetros de sangre
instantes hermosos de claudicación
Nuestra cabeza, timón enloquecido
y dos cuerpos exhaustos a la deriva
que nunca se tomarán con calma.


viernes, 2 de junio de 2017

El método



Ante todo evitar cualquier cálculo.
Ni medir en palmos visuales la altura,
ni hacer cuentas de la vieja para la carrera que te cobre la pena,
ni meter el codo como cuando bañas a una criatura, buscando lo templado.


La habitación cuánto más sofocante, mejor.
El cuerpo y sus azufres y todas las manos dispuestas a remover la tierra,
dispuestas a conquistar la tierra. Quebrar, quemar, subyugar.
Acariciar fuegos. Catar infiernos.


Abrirnos la cabeza y la entraña, sacar del doble fondo lo intocable.

Los pañuelos blancos dejaron de ser románticos tras la muerte del último poeta tuberculoso.
Imposible rendirse o pedir auxilio si estamos hechos de naufragios, canciones de the smiths y enloquecidos vuelos de albatros.


De casa traer hecho trizas el pudor y dejarse fuera toda la poesía y reinas de saba que te habiten.
Ser catástrofe natural. Malinche impúdica que te injerte goce en cada hueco.
Ser cobaya de carne atrincherada entre tus piernas y pintarle las paredes al sótano de todo desconsuelo como una basquiat febril hasta la intemerata.


Entender el ojo derramado en sal y remarcar el enunciado en los desatados por dentro.
Fabricar un observatorio en tu espalda para ahorcar una a una las plegarias que fueron eco.
Lograr ese amor anfibio, todoterreno, esa devastación y ser coronada de vicio en la cima de cualquier derrota que me deje en blanco. Porque el amor se infringe. Mírame, tan plebeya y guerrillera, a recorrer cuerpos como si fueran costa amalfitana. 


No abras las ventanas y no te cierres. No abro las ventanas y no me cierro. Vengo a hacer que tu cuerpo se combe. Vengo a serpentear entre tus cicatrices. Vengo a caer picado. Con las anillas rotas y las redes en lugares equivocados. Vengo a buscar abismos, cráteres y al hombre de sí mismo desterrado.


Porque hacer del dolor una pelota de trapo y de cada instante un fin del mundo, está en nuestras manos.



Pequod o la habitación itinerante





























Pequeños refugios, con sus sábanas como velas, sus luces turbias como un petromar en la popa del encuentro, armarios vacíos que no se llenarían, ventanas por la que arrojar el frío y la ropa, puertas numeradas, llegar, llegarte, llegarnos y drenar el contenido del matraz de la memoria, desmembrar el dolor y secar el llanto crecido en los pechos.  
Y allí tu Boudica, como una zarza dispuesta a arder, con su batiscafo de piel tendida en la caída. Bajo la almohada el brillo de la desesperación, cuchillo que afilará la distancia. Poner el corazón en el fuego por ti todas las veces. Ser cepo loco para tu carnada, cuando los límites son sólo líneas rotas que alguien pretendió dibujarnos ignorando que la tormenta es alimento de nuestra batalla. Nuestro privado ultramarinos de gestas y duelos de jadeos-rugidos y risas tiernas. Llorarnos con el cuerpo, enredados como hiedras. 
Nuestro amor es un animal. Y a él llegamos para hacer pedazos de la escarcha, triturar el vidrio y untar de calor el túnel más largo. Aprender nuestras cordilleras y batirnos en la mirada mientras te hundes en mi línea de flotación más allá de la alborada.
Lamer desbaratada toda la guarida y cruzar abierta la barda del insomnio que se inclina en abismos rojos. Gastado el paladar, gastado el lenguaje, amarrada a tu proa, masturbando el fracaso de no hundirnos juntos para siempre.
Fuera llegará el poema como un volantazo en mitad del paisaje. Intentando condensar humo y caricias, sin lograrlo, sin siquiera acercarse. Porque el poema siempre se queda lejos, porque el cuerpo es un terreno insobornable.