malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 22 de septiembre de 2011

César Vallejo





































Piedra blanca sobre una piedra negra

Me moriré en París con aguacero,
                un día del cual tengo ya el recuerdo.
                Me moriré en París -y no me corro-
               talvez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
               estos versos, los húmeros me he puesto
                         a la mala y,
                  jamas como hoy, me he vuelto,
                 con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
                  todos sin que él les haga nada;
                 le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
                los días jueves y los huesos húmeros,
                 la soledad, la lluvia, los caminos

LA RUEDA DEL HAMBRIENTO
POR entre mis propios dientes salgo humeando,
                         dando voces, pujando,
                         bajándome los pantalones...
                         Váca mi estómago, váca mi yeyuno,
                         la miseria me saca por entre mis propios dientes,
                         cogido con un palito por el puño de la camisa.
Una piedra en que sentarme
                         ¿no habrá ahora para mi?
                         Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,
                         la madre del cordero, la causa, la raiz,
                         ¿ésa no habrá ahora para mi?
                         ¡Siquiera aquella otra,
                         que ha pasado agachándose por mi alma!
                         Siquiera
                         la calcárida o la mala (humilde océano)
                         o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre
                         ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,
                         ésa dádmela ahora para mí!
                         Siquiera la torcida y coronada, en que resuena
                         solamente una vez el andar de las rectas conciencias,
                         o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,
                         va a caer por sí misma,
                         en profesión de entraña verdadera,
                         ¡ésa dádmela ahora para mí!
Un pedazo de pan, tampoco habrá para mí?
                         Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
                         pero dadme
                         una piedra en que sentarme,
                         pero dadme,
                         por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
                         pero dadme
                         en español
                         algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse
                         y después me iré...
                         Halló una extraña forma, está muy rota
                         y sucia mi camisa
                         y ya no tengo nada, esto es horrendo.
 

  Los nueves monstruos
                      I, desgraciadamente,
               el dolor crece en el mundo a cada rato,
           crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
            y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
             y la condición del martirio, carnívora voraz,
                      es el dolor dos veces
              y la función de la yerba purísima, el dolor
                          dos veces
               y el bien de sér, dolernos doblemente.
                    Jamás, hombres humanos,
         hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
              en el vaso, en la carnicería, en la arimética!
                   Jamás tánto cariño doloroso,
                 jamás tan cerca arremetió lo lejos,
                      jamás el fuego nunca
                 jugó mejor su rol de frío muerto!
              Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
                          más mortal
             y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
                Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
                  el corazón, en su cajón, dolor,
                  la lagartija, en su cajón, dolor.
               Crece la desdicha, hermanos hombres,
          más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
             con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
               crece el mal por razones que ignoramos
              y es una inundación con propios líquidos,
               con propio barro y propia nube sólida!
             Invierte el sufrimiento posiciones, da función
                 en que el humor acuoso es vertical
                         al pavimento,
                  el ojo es visto y esta oreja oída,
             y esta oreja da nueve campanadas a la hora
                   del rayo, y nueve carcajadas
              a la hora del trigo, y nueve sones hembras
                a la hora del llanto, y nueve cánticos
                a la hora del hambre y nueve truenos
                  y nueve látigos, menos un grito.
               El dolor nos agarra, hermanos hombres,
                      por detrás de perfíl,
                   y nos aloca en los cinemas,
                   nos clava en los gramófonos,
          nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
                a nuestros boletos, a nuestras cartas;
                y es muy grave sufrir, puede uno orar
                        Pues de resultas
                     del dolor, hay algunos
               que nacen, otros crecen, otros mueren,
                y otros que nacen y no mueren, otros
                que sin haber nacido, mueren, y otros
                que no nacen ni mueren (son los más)
                      Y también de resultas
                    del sufrimiento, estoy triste
             hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
                 de ver al pan, crucificado, al nabo,
                        ensangrentado,
                      llorando, a la cebolla,
                   al cereal, en general, harina,
               a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
                     al vino, un ecce-homo,
                tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
                   ¡Cómo, hermanos humanos,
                  no deciros que ya no puedo y
                   ya no puedo con tánto cajón,
                       tánto minuto, tánta
                        lagartija y tánta
               inversión, tanto lejos y tánta sed de sed!
               Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
             !Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
               hay, hermanos, muchísimo que hacer.
 




esa lluvia...



cierro el libro de Ribeyro mientras saboreo aún las últimas frases que he leído y apago la luz para que entre la noche por mi ventana. poco a poco el deseo va cayendo sobre mí como cae la lluvia sobre Nueva Orleans y sé que no podré adivinarte porque este prólogo precipitado y triste que surge entre los dos ya me lo ha dicho todo. que venimos cargados de ansiedad y malas artes. que estamos tan solos y deshabitados, como dijo Cortázar. que sólo nos queda batallar con esas caricias violentas que demuestran la circulación de nuestra sangre. que los km se nos clavan como cuchillos en manos de un ebrio Daniel Auteuil. que hemos escondido los mapas. que nos hemos acostumbrado a vivir hambrientos. que me puedes pedir mil veces que te mire como Marie Laforet en A plein soleil pero que yo no soy ella. jamás seré ella. y mientras seguimos calados hasta el alma, enterrando paraguas, empapados de esa lluvia del deseo y deseando ahogarnos en ella.

martes, 20 de septiembre de 2011

yo quería...

yo quería ronronear con tus caricias y no estar a oscuras y en silencio en mi salón. yo quería que te quemaras al probar los mejores spaghetti de la historia y ser por un día tu ascensorista favorita. por un día largo que dura una vida. yo quería una brisa suave a ras de suelo que rasgara mis cuerdas y me meciera mar adentro y no unas velas rotas del barco encallado de tu vida. yo quería estremecerme al sentir tu mano sobre la mía en el lugar más inesperado y hablarte con el silencio de mi mirada, y hablarte con mi cuerpo, con mi pelo, con mis hombros. y quería la lluvia de verano, y surcar tu espalda con mis labios, y llorar en el teatro, y armar un puzzle infinito con tus sonrisas. yo quería las canciones de tu cara B y paseos en el crepúsculo y estar en tu orilla. yo quería todo esto y nos las hojas secas de un otoño que aún no necesito.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Manifiesto Futurista



1. Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de corrida, el salto mortal, el cachetazo y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5. Queremos ensalzar al hombre que lleva el volante, cuya lanza ideal atraviesa la tierra, lanzada también ella a la carrera, sobre el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad, para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.

7. No existe belleza alguna si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra maestra. La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre.

8. ¡Nos encontramos sobre el promontorio más elevado de los siglos!... ¿Porqué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.

10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta; cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos, cuya hélice flamea al viento como una bandera y parece aplaudir sobre una masa entusiasta.

Lanzamos en Italia este manifiesto de heroica violencia y de incendiarios incentivos, porque queremos librarla de su gangrena de profesores, arqueólogos y cicerones. Italia ha sido durante mucho tiempo el mercado de los chalanes. Queremos librarla de los innumerables museos que la cubren de innumerables cementerios.  ¡Museos, cementerios! ¡Tan idénticos en su siniestro acomodamiento de cuerpos que no se distinguen! Dormitorios públicos donde se duerme siempre junto a seres odiados o desconocidos. Ferocidad recíproca de pintores y escultores matándose a golpes de línea y de color en el mismo museo.
¡Que se les haga una visita cada año como quien va a visitar a sus muertos, llegaremos a justificarlo!... ¡Que se depositen flores una vez por año a los pies de la Gioconda, también lo concebimos!... ¡Pero ir a pasear cotidianamente a los museos nuestras tristezas, nuestras frágiles decepciones, nuestra cólera o nuestra inquietud, no lo admitimos!

¿Queréis emponzoñaros? ¿Queréis pudriros? ¿Qué podéis encontrar en un anciano cuadro si no es la contorsión penosa del artista esforzándose por romper las barreras infranqueables de su deseo de expresar enteramente su sueño? Admirar una vieja obra de arte es verter nuestra sensibilidad en una urna funeraria en lugar de emplearla más allá en un derrotero inaudito, en violentas empresas de creación y acción. ¿Queréis malvender así vuestras mejores fuerzas en una admiración inútil del pasado de la que saldréis aciagamente consumidos, achicados y pateados?  En verdad que la frecuentación cotidiana de los museos, de las bibliotecas y de las academias (¡esos cementerios de esfuerzos perdidos, esos calvarios de sueños crucificados, esos registros de impetuosidades rotas...!) es para los artistas lo que la tutela prolongada de los parientes para los jóvenes de inteligencia, enfervecidos de talento y de voluntad.

Sin embargo, para los moribundos, para los inválidos y para los prisioneros, puede ser bálsamo de sus heridas el admirable pasado, ya que el porvenir les está prohibido. ¡Pero nosotros no, no le queremos, nosotros los jóvenes, los fuertes y los vivientes futuristas! ¡Con nosotros vienen los buenos incendiarios con los dedos carbonizados! ¡Helos aquí! ¡Helos aquí! ¡Prended fuego en las estanterías de las bibliotecas! ¡Desarraigad el curso de los canales para inundar los sótanos de los museos! ¡Oh! ¡Que naden a la deriva los cuadros gloriosos! ¡Sean nuestros los azadones y los martillos! ¡Minemos los cimientos de las ciudades venerables!...

Los más viejos entre nosotros no tienen todavía treinta años; por eso nos resta todavía toda una década para cumplir nuestro programa. ¡Cuando tengamos cuarenta años, que otros más jóvenes y más videntes nos arrojen al desván como manuscritos inútiles!...Vendrán contra nosotros de muy lejos, de todas partes, saltando sobre la ligera cadencia de sus primeros poemas, agarrando el aire con sus dedos ganchudos, y respirando a las puertas de las Academias el buen olor de nuestros espíritus podridos, ya destinados a las sórdidas catacumbas de las bibliotecas!...

Pero no, nosotros no iremos nunca allá. Los nuevos adelantos nos encontrarán al fin, una noche de invierno, en plena campiña, bajo un doliente tinglado combatido por la lluvia, acurrucados cerca de nuestros aeroplanos trepidantes, en acción de calentarnos las manos en la fogata miserable que nutrirán nuestros libros de hoy ardiendo alegremente bajo el vuelo luminoso de sus imágenes. Se amotinarán alrededor de nosotros, desbordando despecho, exasperados por nuestro coraje infatigable, y se lanzarán a matarnos con tanto más denuedo y odio, cuanto mayores sean la admiración y el amor que nos tengan en sus entrañas.Y la fuerte y sana injusticia estallará radiosamente en sus ojos. Y estará bien. Porque el arte no puede ser más que violencia, injusticia y crueldad.
Los más viejos de entre nosotros no tenemos aún treinta años, y por lo tanto hemos despilfarrado ya grandes tesoros de amor, de fuerza, de coraje y de dura voluntad, con precipitación, con delirio, sin cuenta, sin perder el aliento, a manos llenas. 
¡Miradnos! ¡No estamos sofocados! ¡Nuestro corazón no siente la más ligera fatiga! ¡Está nutrido de fuego, de valor y de velocidad! ¿Esto os asombra? ¡Es que vosotros no os acordáis de haber vencido nunca!


En pie sobre la cima del mundo arrojamos nuestro reto a las estrellas!

¿Vuestras objeciones? ¡Basta! ¡Basta! ¡Las conocemos! ¡Son las consabidas! ¡Pero estamos bien cerciorados de lo que nuestra bella y falsa inteligencia nos afirma!  –Nosotros no somos–decís–más que el resumen y la prolongación de nuestros antepasados.

¡Puede ser! ¡Sea! ¿Y qué importa? ¡Es que nosotros no queremos escuchar! ¡Guardaros de repetir vuestras infames palabras! ¡Levantad, más bien, la cabeza!¡En pie sobre la cima del mundo lanzamos una vez más el reto a las estrellas!

                                                    [F.T. Marinetti, "Le Futurisme", Le Figaro, 20 de febrero de 1909] 
  
  
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Tres años después, Marinetti lanza los postulados prácticos literarios de los futuristas en once puntos fundamentales que debe perseguir el artista que se adhiera a la nueva doctrina: 
  
  

Manifiesto técnico de la literatura futurista (1912)

Sentado sobre el depósito de gasolina de un aeroplano, con el vientre caliente por la cabeza del aviador, sentí la rídicula inutilidad de la vieja sintaxis heredada de Homero.  ¡Violenta necesidad de liberar las palabras, sacándolas de la prisión del periodo latino!  Naturalmente, como todo imbécil, tiene una cabeza previsora, un vientre, dos piernas y dos pies planos, pero jamás tendrá dos alas. ¡Apenas lo necesario para caminar, para correr algunos instantes y pararse casi en seguida resoplando!...  He aquí lo que me dijo la remolinante hélice, mientras volaba a doscientos metros sobre las poderosas chimeneas de Milán. Y la hélice añadió:

I .- Es necesario destruir la sintaxis, disponiendo los sustantivos al azar, tal como nacen.

2.- Se debe usar el verbo en infinitivo para que se adapte elásticamente al sustantivo y no lo someta al yo del escritor que observa o imagina. El verbo en infinitivo puede sólo dar el sentido de la continuidad de la vida y la elasticidad de la intuición que la percibe.

3.- Se debe abolir el adjetivo para que el sustantivo desnudo conserve su color esencial. El adjetivo, que tiene en sí mismo un carácter matizador, es incompatible con nuestra visión dinámica, porque supone una pausa, una meditación.

4.- Se debe abolir el adverbio, vieja hebilla que tiene unidas las palabras las unas con las otras. El adverbio conserva en la frase una fastidiosa unidad de tono.

5.- Todo sustantivo debe tener su doble, es decir el sustantivo debe ir seguido, sin conjunción, de otro sustantivo al que está ligado por analogía. Ejemplo: hombre-torpedero, mujer-golfo, multitud-resaca, plaza-embudo, puerta-grifo.  Así como la velocidad aérea ha multiplicado nuestro conocimiento del mundo, la percepción por analogía se hace mucho más natural para el hombre. Por lo tanto hay que suprimir el como, el cual, el así, el parecido a. Mejor aún, hay que fundir directamente el objeto con la imagen que evoca, dando la imagen abreviada mediante una sola palabra esencial.

6.- Abolir también la puntuación. Al suprimirse los adjetivos, los adverbios y las conjunciones, la puntuación queda lógicamente anulada, en la continuidad variada de un estilo vivo que se crea por si mismo sin las pausas absurdas de las comas y los puntos. Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se emplearán signos matemáticos: + - x = ( ) y signos musicales.

7.- Los escritores se han entregado hasta ahora a la analogía inmediata. Han comparado, por ejemplo, el animal al hombre o a otro animal, lo que casi equivale, más o menos, a una especie de fotografía. Han comparado por ejemplo un fox-terrier a un pequeñísimo pura sangre. Otros, más avanzados, podrían comparar ese mismo fox-terrier trepidante a una pequeña máquina Morse. En cambio yo lo comparo con el agua hirviendo. Hay en ellos una gradación de analogías cada vez más amplias y unas 
relaciones cada vez más profundas y sólidas, aunque muy distantes.


La analogía no es más que el amor profundo que une las cosas distantes, -aparentemente diversas y hostiles. Sólo por medio de analogías amplísimas se logrará un estilo orquestal, al mismo tiempo policromo, polifónico y polimorfo capaz de contener la vida de la materia.

Cuando en mi Batalla de Trípoli he comparado una trinchera erizada de bayonetas a una orquesta, una ametralladora a una mujer fatal, he introducido intuitivamente una gran parte del universo en un breve episodio de batalla africana.
Las imágenes no son flores para escoger y recoger con parsimonia, como decía Voltaire. Ellas constituyen la sangre misma de la poesía. La poesía debe ser una serie ininterrumpida de imágenes nuevas, sin las cuales no es más que anemia y clorosis.
Cuanto más amplias relaciones contengan las imágenes, más tiempo conservarán su fuerza de sorpresa. Es necesario, dicen, no fatigar la admiración del lector. ¡Vamos! Curémonos, más bien, de la fatal corrosión del tiempo que destruye no solamente el valor expresivo de una obra maestra sino además su fuerza de asombro. ¿Nuestros oídos demasiado entusiastas no han destruido a Beethoven y Wagner? Por lo tanto hay que eliminar de la lengua todo lo que ella contiene de imágenes-cliché, metáforas descoloridas, es decir, casi todo.

8.- No existen categorías de imágenes, nobles o groseras, elegantes o vulgares, excéntricas o naturales. La intuición que las percibe no tiene preferencias ni prejuicios. El estilo analógico es, por lo tanto, el dueño absoluto de toda la materia y de su 
intensa vida.

9-.Para representar los movimientos sucesivos de un objeto es necesario ofrecer la cadena de las analogías que éste evoca, cada una condensada, recogida, en una palabra esencial.  He aquí un ejemplo expresivo de una cadena de analogías todavía ocultas y sobrecargadas por la sintaxis tradicional:

"¡Claro que sí!, usted es, pequeña ametralladora, una mujer encantadora, y siniestra, y divina, al volante de un invisible cien-caballos que ruge con explosiva  impaciencia. ¡Oh! ¡Dentro de poco os arrojaréis al circuito de la muerte, hacia el 
vuelco aplastante o la victoria!... ¿Quiere que le escriba unos madrigales plenos de gracia y de color? A vuestra elección, señora... Usted me recuerda a un tribano gesticulante caya lengua elocuente, infatigable, golpea el corazón de los oyentes en 
círculo, emocionados... Sois, en este momento, una perforadora todopoderosa que atraviesa en redondo el cráneo demasiado duro de esta noche obstinada... Sois, también, un laminador, un tornillo eléctrico y ¿qué más? Un gran soplete oxhídrico 
que quema, cincela y funde poco a poco las puntas metálicas de las últimas estrellas!..." (Batalla de Trípoli).

En algunos casos será necesario enlazar las imágenes de dos en dos como balas enramadas que en su vuelo arrancan a todo un grupo de árboles. Para envolver y atrapar todo lo que hay de más huidizo e imperceptible en la materia es necesario formar tupidas redes de imágenes o analogías que se lanzarán al mar misterioso de los fenómenos. Salvo la forma tradicional, esta frase de mi Mafarka el futurista es un claro ejemplo de una tupida red de imágenes:
"Toda la acre dulzara de su juventud subía por la garganta, como desde los patios de las escuelas remontan los gritos alegres de los niños hacia sus viejos maestros inclinados en los pretiles de las terrazas desde donde se ve alejarse a los barcos en la mar..."
He aquí otras tres redes de imágenes:
"Alrededor del pozo de la Bumeliana, bajo los olivares frondosos, tres camellos, confortablemente recostados en la arena, se relamían de alegría como viejas goteras de piedra mezclando el chac-chac de sus escupitajos con el golpear regular de la bomba a vapor que abastece a la ciudad. Estridencias y disonancias futuristas en la orquesta profunda de las trincheras de hoyos sinuosos y cantinas sonoras, entre el vaivén de las bayonetas, arcos de violines que la roja batuta del poniente inflama de 
entusiasmo... Es el poniente-director de orquesta quien con un gesto amplio recoge las pautas esparcidas por los pájaros en los árboles y las arpas quejumbrosas de los insectos y el crujido de las ramas y el rechinamiento de las piedras. Él es quien para 
en seco los tímpanos de las gamelas y de los fusiles entrechocados para dejar cantar a plena voz sobre la orquesta de los instrumentos en sordina a todas las estrellas vestidas de oro, rectas, los brazos abiertos sobre la rampa del cielo. Y una gran 
dama presencia el espectáculo... Ampliamente descotado, el desierto estacionario pone de relieve su seno inmenso de curvas limadas, todas barnizadas de colorete rosado bajo las gemas ruinosas de la pródiga noche (Batalla de Trípoli).


10.- Teniendo en cuenta que toda clase de orden es fatalmente un producto de la inteligencia cauta y reservada, es necesario orquestar las imágenes disponiéndolas según un máximo de desorden.

11.- Destruir en la literatura el "yo," es decir toda la psicología. El hombre completamente deteriorado por la biblioteca y el museo, sometido a una lógica y a una sabiduría espantosa, ya no ofrece ningún interés. Por lo tanto debemos eliminarlo de la 
literatura y sustituirlo finalmente por la materia cuya esencia se debe alcanzar a golpes de intuición, cosa que no podrán hacer jamás los físicos ni los químicos.

Descubrir a través de los objetos en libertad y los motores caprichosos la respiración, la sensibilidad y los instintos de los metales, de las piedras, de la madera, etc. Sustituir la psicología del hombre, ya agotada, por la obsesión lírica de la materia.
Protegéos de atribuir sentimientos humanos a la materia, adivinad sobre todo sus diferentes impulsos directivos, sus fuerzas de comprensión, de dilatación, de cohesión y de disgregación, sus riadas de moléculas en masa o sus torbellinos de electrones. No se trata de expresar los dramas de la materia humanizada. Es la solidez de una plancha de acero la que nos interesa por si misma; es decir, la alianza incomprensible e inhumana de sus moléculas y de sus electrones, que se oponen por ejemplo a la 
penetración de un obús. El calor de un pedazo de hierro o de madera es para nosotros en lo sucesivo más apasionante que la sonrisa o las lágrimas de una mujer.

Queremos expresar en literatura la vida del motor, nuevo animal instintivo cuyo instinto general conoceremos cuando conozcamos los instintos de las diferentes fuerzas que lo componen.

Nada es más interesante para un poeta futurista que la agitación del teclado de un piano mecánico. El cinematógrafo nos ofrece la danza de un objeto que se divide y se recompone sin la intervención humana. También nos ofrece el impulso hacia atrás de 
un nadador cuyos pies salen del mar y rebotan violentamente por el trampolín. Finalmente, nos ofrece la carrera de un hombre a 200 kilómetros por hora. Son otros tantos movimientos de la materia fuera de las leyes de la inteligencia y por consiguiente de una esencia más significativa.


Además es necesario representar el peso (facultad de vuelo) y el olor (facultad de esparcimiento) de los objetos, cosa que ha sido descuidada hasta ahora en literatura. Esforzarse en restituir, por ejemplo, el paisaje de olores que percibe un perro. Escuchar los motores y reproducir sus disertaciones.

La materia siempre ha sido contemplada por un yo distraído, frío, demasiado preocupado de si mismo, lleno de prejuicios de sabiduría y de obsesiones humanas.
El hombre tiende a manchar con su joven alegría o con su viejo dolor a la materia, que posee una admirable continuidad de impulso hacia un mayor ardor, un mayor movimiento, una mayor subdivisión de si misma. La materia no es ni triste ni alegre. 
Tiene por esencia el coraje, la voluntad y la fuerza absoluta. Pertenece entera al poeta adivinador que sepa liberarse de la sintaxis tradicional, pesada, estrecha, pegada al suelo, sin brazos y sin alas, porque ella es solamente inteligente. Sólo el poeta 
asintáctico y de palabras desligadas podrá penetrar en la esencia de la materia y destruir la sorda hostilidad que la separa de nosotros.

El periodo latino que nos ha servido hasta ahora era un gesto pretencioso con el que la inteligencia arrogante y miope se esforzaba por dominar la vida multiforme y misteriosa de la materia. El periodo latino había por lo tanto nacido muerto. 
Las intuiciones profundas de la materia, unidas una a la otra, palabra por palabra, siguiendo su nacimiento ilógico, nos ofrecerán las líneas generales de una psicología intuitiva de la materia. Ella se rebeló a mi espíritu desde lo alto de un aeroplano. 
Mirando los objetos desde un nuevo punto de vista, no más de cara o de espaldas, sino a pico, es decir, en síntesis, he podido romper las viejas trabas lógicas y los hilos de plomo de la comprensión antigua.


Todos vosotros, los que me habéis amado y seguido hasta aqui, poetas futuristas, seréis como yo, frenéticos constructores de imágenes y valientes exploradores de analogías. Pero vuestras tupidas redes de metáforas están desafortunadamente muy 
sobrecargadas del plomo de la lógica. Os aconsejo aligerarlas para que vuestro gesto inmensificado pueda lanzarlas lejos, desplegadas sobre un océano más amplio.

Inventaremos juntos lo que yo llamo la imaginación sin hilos. Alcanzaremos un día un arte aún más esencial cuando nos atrevamos a suprimir todos los primeros términos de nuestras analogías, para no ofrecer nada más que la continuación ininterrumpida de segundos términos. Será necesario, para ello, renunciar a ser comprendidos. El ser comprendidos no es necesario. Por otra parte, no lo necesitábamos cuando expresábamos los fragmentos de la sensibilidad futurista mediante la sintaxis tradicional e intelectiva.
La sintaxis era una especie de intérprete o de cicerone monótono. Es necesario suprimir este intermediario para que la literatura entre directamente en el universo y haga cuerpo con él.  Indiscutiblemente, mi obra se distingue netamente de las demás por su tremenda potencia de analogía. Su sorprendente riqueza de imágenes casi iguala su desorden de puntuación lógica. He desembocado en el primer manifiesto futurista, síntesis de un 100 HP lanzado a las más locas velocidades terrestres.

¿Por qué servirse todavía de cuatro ruedas exasperadas que se aburren, desde el momento en que podemos separarnos del suelo? Liberación de las palabras, alas desplegadas de la imaginación, síntesis analógica de la tierra abrazada por una sola 
mirada concentrada toda entera en palabras esenciales.


Nos gritan: " ¡Vuestra literatura no será bella! " ¡ No lograremos las sinfonías verbales de los armoniosos balanceos y de las cadencias tranquilizantes! Por supuesto. ¡Qué suerte! Nosotros utilizaremos, por el contrario, todos los sonidos brutales, todos los 
gritos expresivos de la vida violenta que nos rodea. Hagamos valerosamente el "bruto" en literatura y matemos por todos los sitios la solemnidad. ¡Vamos! ¡No adoptéis esos aires de grandes sacerdotes al escucharme! ¡ Es necesario escupir cada 
día sobre el Altar del Arte! ¡Nosotros entramos en los dominios ilimitados de la libre intuición! ¡Después del verso libre, he aqui finalmente las palabras en libertad!

En esto no hay nada de absoluto ni de sistemático. El genio tiene ráfagas impetuosas y torrentes fangosos. A veces impone lentitudes analíticas y explicativas. Nadie puede renovar de un golpe su propia sensibilidad. Las células muertas están mezcladas con las vivas. El arte es una necesidad de destruirse y de esparcirse, inmensa regadera de heroísmo que inunda el mundo. Los microbios–no lo olvidéis–son necesarios para la salud del estómago y del intestino. También existe una especie de microbios 
necesarios para la vitalidad del arte, prolongación del bosque de nuestras venas, que se despliega fuera del cuerpo en el infinito del espacio y del tiempo.


¡Poetas futuristas! Yo os he enseñado a odiar las bibliotecas y los museos, para prepararos a odiar la inteligencia, despertando en vosotros la divina intuición, don característico de las razas latinas. Mediante la intuición venceremos la hostilidad aparentemente irreductible que separa nuestra carne humana del metal de los motores.

Después del reino animal se inicia el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos solamente pueden conocer las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de partes 
cambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, por lo tanto de la misma muerte, suprema definición de la inteligencia lógica. 






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Hay tardes de primavera en París, como esta de hoy, soleada, dorada, que no se viven, sino que se desgajan y manducan como una mandarina. Y para ello nada mejor que una taza de café, una bebida tonificante, una vacancia de la atención, un dejar que nuestra mirada en reposo reciba y archive imágenes del mundo, sin preocuparse de encontrar en ellas orden ni sentido ni prioridad. Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida.

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Mi gato negro y yo, en esta noche lluviosa de verano. La pieza silenciosa. Uno que otro carro se desliza por la calzada húmeda. El barrio duerme, pero mi gato y yo velamos, nos resistimos a dar por concluida la jornada, sin haber hecho nada, al menos yo, que la justifique, que la dote de significación y la diferencie de otras, igualmente parsimoniosas y vacías. Quizás por eso escribo páginas como ésta, para dejar señales, pequeñas trazas de días que no merecerían figurar en la memoria de nadie. En cada una de las letras que escribo está enhebrado el tiempo, mi tiempo, la trama de mi vida, que otros descifrarán como el dibujo en la alfombra.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ortega y Gasset

La conciencia del naufragio, al ser la verdad de la vida, es ya la salvación. Por eso yo no creo más que en los pensamientos de los náufragos. Es preciso citar a los clásicos ante un tribunal de náufragos para que allí respondan ciertas preguntas perentorias que se refieren a la vida auténtica.

domingo, 11 de septiembre de 2011

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Rayo Verde - Julio Verne

"Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión- ¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza".

jueves, 8 de septiembre de 2011

Pedro Casariego Córdoba

Falsearé la Leyenda
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.

Yehuda Amijai

 
Lástima. Éramos un Buen Invento

Amputaron
tus muslos de mi cintura
Lo que para mí significa
Que son todos cirujanos. Todos.

Nos desmantelaron
al uno del otro.
En lo que a mí respecta
son todos ingenieros. Todos.

Lástima.
Éramos un buen
y amoroso invento.
Un aeroplano hecho de hombre y mujer.
Con alas y todo.

Nos elevamos vacilantes de la tierra.
Y hasta alcanzamos a volar un poco.




Una vez, un gran amor

Una vez, un gran amor partió mi vida en dos.
La primera parte continúa hormigueando
por ahí, como una serpiente cercenada.
Los años que han pasado me calmaron,
trayendo cura a mi corazón
y a mis ojos, paz.

Ahora soy como quien se detiene
en el desierto de Judea,
frente a un cartel que dice
"altura a nivel del mar",
y no verá el mar, pero comprende.

Así, recuerdo dondequiera tu rostro
"a nivel de tu rostro".


Un Perro después del Amor

Cuando me abandonaste
dejé que un perro acercase su hocico
y olfateara mi pecho, mi vientre,
y lleno así de ti
corrió persiguiendo tu rastro.

Espero que desgarre
los huevos de tu amante y le arranque el pene
o vuelva al menos
trayéndome tus medias entre sus colmillos.

The love interest - John Ashbery

La historia de amor
La vimos venir desde siempre, luego ya estaba aquí, en línea con el paseo de aquel día. Para entonces, éramos nosotros los que habíamos desaparecido, en el túnel de un libro.
Despertando en la madrugada, nos unimos al flujo de las noticias de mañana. ¿Por qué no? A diferencia de algunos otros, no tenemos nada que pedir o que tomar prestado. No somos sino piezas de sólida geometría:
cilindros o romboides. Cierta satisfacción nos ha sido otorgada. Sí, claro, siempre volvemos a por más… Es parte del aspecto «humano» del desfile. Y existen regiones más oscuras perfiladas, que habría que explorar alguna vez. Por ahora nos basta con que el día se haya acabado. Trajo su carga de frescura, la dejó caer y se marchó. En cuanto a nosotros, seguimos aquí, ¿no es cierto?

lunes, 5 de septiembre de 2011

William Shakespeare

"....s e n t i m o s   l a   g r a v i t a c i ó n,
l a   f a t i g a,   l a   v a s t a   y   v a g a
a c u m u l a c i ó n   d e l   p a s a d o"

domingo, 4 de septiembre de 2011

Porque todo es igual y tú lo sabes - Luis Rosales

has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo
antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.”



Tom Waits

Uno de los principales motivos para hacer algo es ese ineludible ‘¿y porque no?’.. . porque nunca, nada, permanece igual, aunque lo parezca.
Allí, un reloj en la pared que da otras horas y el sueño, un alga oscura y el humo. Los libros y por un día quizá las flores en un vaso, las hojas de los árboles y el viento en ellas, el arcoiris y las lágrimas. Me pregunto porqué se llora cuando se ve algo demasiado hermoso? El mar.
Solo queda el paisaje. Y el volver se convierte en robles y el agua sobre ellos, el trigo que se bandea y miles de amapolas, bandadas de estorninos y los ojos maravillados detrás. Montañas y sombras. Muros de piedra y el musgo en sus rendijas, igual que los secretos. Y la música que me acompaña y hace alegre la vuelta.
No me había dado cuenta pero sonreía, porque el regreso es el verdadero viaje.
Hay personas que no notan cuando salimos de ellas. Y otras, en las que entramos sin saberlo nosotros.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mortal y rosa - Francisco Umbral

El hombre del Metro sueña una ciudad de sol y ocio a la que nunca sale, la ciudad de las estatuas y los bares es una pesadilla del hombre de allá abajo, del viajero hundido, del que va en el Metro, tú, yo, asiento reservado para caballeros mutilados, todos caballeros mutilados, las madres terribles con la bolsa de la compra abultada, como otro embarazo, y la chica leyendo un libro gordo, y el de los recados silbando en el Metro y el sembrado de cabezas que tengo debajo de mí, una calva con mapas, una pelambrera con brillos, los cuatro pelos sobre un cráneo blanco y lechoso, la huella de las tenacillas en un pelo gris de mujer, como una ceniza en olas tenues de resignación, y el maíz violento de un pelo de muchacha, cebada adolescente que perfuma e ilumina.
No, la ciudad no existe, la ciudad es una locura, una invención, una esperanza, una mentira. La sueñan desde allá abajo los que van en el Metro, ánimas del purgatorio en túnel, justos en multitud, limbo húmedo, catacumba veloz. No existimos, no tomamos café, no hacemos el amor. Sólo nos sueña, desde lo profundo, un hombre silencioso que va en Metro.

Mortal y rosa - Francisco Umbral

Se pierde lo rubio del pelo como se pierde lo rubio del alma, el estofado de oro con que nos decoró la vida en un principio. El pelo duda hasta quedar en un castaño mediocre, a los ojos, todo marrón corriente, que es el color de los que no vamos a llegar nunca a nada. Era mi pelo rubio trigal por donde pasaban palomas femeninas como manos, vientos de primavera, ráfagas, y hoy sólo pasan peines tristes, y el rastrillado de las ideas que un día me alborotó la cabellera de metáforas, y que hoy me va dejando la cabeza como un campo sembrado, roturado, hasta que vuelven a ser jardín salvaje. Porque uno empieza queriendose hacer un peinado ideológico irreprochable, y se tarda en llegar al saludable abandono de la peluquería y la jardinería. Con un jardín salvaje por cabeza es como más libre se va por la vida.