malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 28 de diciembre de 2015

carne























Y la vida abierta y dolorosa
bajará rodando por las gradas.
Ana Istaru


Lo iba a llamar El desvanecimiento, iba a ser mágico y delicado y no iba a escribir en él la palabra “carne”. Me iba a alejar de la línea putrefacta de confort que tenemos la manía de trazarle a las vísceras de la vida, sólo para no mancharnos, sólo para salir impolutos del accidente del vivir. Al final me demoré en el pensamiento de mis dientes en tu cuello. De tus manos en mi cintura y tus ojos intentando destruir mentalmente la ropa bajo la ropa. Me demoré en los túneles mientras te besaba con saliva la otra alma. Me demoré y supe que mis héroes están al otro lado de algún muro que no seré capaz de bordear. Debo inventarlos a mi lado. Así, aceptando las torceduras de mi alma. Mis acordes malditos cuando se me acaban los saltos emocionantes y soy sólo una mujer en un sofá junto a ti, hurgando tu entrepierna en mitad del crepúsculo, de la rabia, de la sinrazón, del anuncio. Sólo una mujer trazando polos en una cama ajena un poco más tarde. Una mujer con una vida pequeña, frívola y desorientada.


Observarte haciendo café. Observarte viviendo otra vida.  Observar tus besos y tus abrazos. Tu medianoche. Tu ropa doblada en otro armario. Tus sábanas que se ensucian en otros cuerpos. 
Iba a ser palabra lujo, apariencia, que no remiendo. Iba a ser un incendio provocado, un fuego artificial para el expectante. No riada de bilis, no empapelar la pena y la distancia una vez más. No gritar dolor, lamer el pronóstico de la indiferencia, no. No travestir la palabra y disfrazarla de lugar común para repartir daño en trozos pequeños, un pequeño atentado en el corazón de todos. No radiografiar más naufragios con ojos llenos de agua caliente y salada. Darle métrica, sentido. Antioxidante lleno de destellos. No un pequeño cáncer inevitable. La misma lluvia sí pero mojando a otra mujer. Iba a ser otra cosa y no iba a decir carne.  Iba a ser el poema de otra. El hombre de otra. El gemido de otra. La mano fría, el invierno, el gel compartido, el tesón, el cabello en la almohada. Pero al final es un artefacto casero, cocktail molotov de ansiedades, insomnio y ganas.  Al final es mi calle, mi portal, mi pedazo de cielo oscuro del que caen sus estrellas muertas de vez en cuando. Al final un momento vestido de esplendor cuando se le cae la ropa y la vergüenza. Cuando se entrega, cuando es derrame de mujer que exhibe su hambre.  Y carne, no iba a decir carne y ya lo dije dos veces o más. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

tríptico de la emoción

era un río oscuro,
lleno de ramas,
 que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.
Lorca


I

El poema brutal eres tú cuando me miras, cuando te miro.
Cuando todas las noches, abrillantar la coraza, es un acto de osadía.
Ciego y necesario.
Marcando a la desidia para que no cruce la frontera invisible de las ganas.
Con inercia, la atlética manía de hundir los dedos en el dolor, en el tuyo, en el mío, y medirlos.
O en el placer, en el tuyo, en el mío, y medirlos.
Y sabernos tan vivos, como vapuleados, como irremediables, caninos, inauditos.


II

En posición fetal, dibujar el ovillo, arrullando hasta el atropello a uno mismo, abrazo invisible a la propia carne. Renombrar la cicatriz por si el olvido. Ser heroína. Inaugurar la ficción de los cuerpos que ahora están desprendidos. Amputación de la luz fría. Amor en el callejón, cuando nadie nos mira. Y aprender a libar de nuestros vesubios, aprender del néctar de las horas muertas para que arañando hagamos grieta, y ahí, nuestras miserias, como un secreto, como una tierra. Dioses y alacranes que se toman en ayunas, carnívoros, entre las piernas. Palpar nuestros puntos de apoyo en los pulsos, en las bocas. Llenos de palabras para huir del podio al que suban los vencidos.

























III


Yo sé que estoy feliz en el adentro. En el adentro de ti. Pero trato de encontrar otras palabras que no estén llenas de helio. Dibujo un mapa en las costuras. El buque hundido del ahora. No sacar las piedras que brillan en la orilla, no volverlas mate, ni cien mil leds pueden mantener su verdad fuera de nosotros. Hago mantra, oxígeno y delirio. Yo en tus brazos soy una supernova. Sailor y Lula, huyendo, mojando la ropa, comprando discos, pirateando la rutina y el presente. Seres cristalinos. Carnales y abstractos. Desaparecernos el uno en el otro. Acaso me sobra la rabia del no sanar vacíos, de no sanar mis vicios. Escritura voluptuosa que inunde tus ojos.  Alboroto. Ser yo y mi verbo, siempre el mismo. Lugar común. Este es mi pelo. Mi olor, mi piel, mi madriguera. Semilla obsesiva. Poesía que salpique. El poro, la densidad de la garra. Toda la ternura y toda la destrucción humana. Un río oscuro, lleno de ramas. Tú, droga y misterio, muy en mí. Tú, apretando la entraña. Tú, corazón arpón, fuego del tiempo, arma, beso, promesa. Yo y el querer ser contigo. Un río oscuro, lleno de ramas.




*Gracias Lucy Marti 
por el pulso y el poema que albergan tus ojos.
https://www.flickr.com/photos/lucianamarti/




domingo, 29 de noviembre de 2015

de paraísos y ansiedades


«Escribo para perder el aliento»,
 Louis Aragon

  


Y para retorcer el sentimiento como un paño mojado en fuego
y para no poder retocar la foto de la memoria con el paso del tiempo.
Escribo para descubrir el placebo de ver el dolor momificado en palabras que otros se probarán, poema vestidor para los arrabales del alma.
Escribo para meter mano al engranaje de este cuerpo y su entraña,
con la taquicárdica devastación de la razón en la azotea,
con su taconeo de alfileres en el vientre de la noche,
puliendo el sentimiento,
dopándolo con versos de Lorca.
Escribo con cansancio y marea
cuando me laten las venas como guadianas rojos.
Escribo y lucho contra molinos de distancia.
Escribo arrodillada dentro de mí
con toda la sal de la playa de los muertos
sudando mi nuca y mi espalda.
Para hacerme torniquete en mitad del domingo escribo
mientras pelean los perros en mi estómago.
Escribo para zarpar de mí misma y retornarme
para abrir mis ventanas a tu sonrisa
y ahogar a la yegua en el pozo un rato
para no hacer aspa en el calendario con mi sangre
para oler la ropa de la modelo de Modigliani
enfriándose fuera del lienzo
para revelar el vacío en sepia y que arda bien lejos
para untar mi mirada con la miel del vencido que respira con las manos llenas de infinito.
Escribo del eclipse de nuestra carne
para tocarte desde lejos
para restaurar el paraíso
descorchar la ansiedad
manchar de sueños el paredón
desnudarme en tu cabeza

 y para hacer refugio y salvarme de mí misma
escribo.



domingo, 1 de noviembre de 2015

Tambora, 1815
























No puede ser que estemos aquí para no poder ser.
Julio Cortázar

Yo me enveneno con un recuerdo
León de Greiff

Mira, eres tú. Vienes hacia mí. El mundo es lo que queda fuera de ese callejón. Somos el cuerpo coartada para delinquir en él y curarnos la vida malvivida. Quiero descoserme las cicatrices por un infinito. Inundar de llanto/semen/lava/grito el antro perverso que contiene nuestros horarios, el suelo frío bajo los pies cada mañana, el vaho en el espejo del baño que nos oculta y que al borrar con la mano esperanzada no te halla. Quiero cuatro paredes, un vagón, un pasillo. Presa hermosa donde dejarnos. Acicalar el espanto con vino y humo. Ser ese bonus track para los pacientes que en mitad del silencio siguen degustando la caricia y el rugido. Algo más. Porque todos consideramos que debe haber algo más. Una caja de bombones de doble fondo. Una estrella fugaz cuando vamos a desistir y nos duelen las cervicales de tanto esnifar cielo y noche. Porque todo lo bueno es fugaz, un visto y no visto, un fin de semana, una mirada, el momento incrustado en el pecho de la memoria. Porque nos laten los recuerdos por todo el cuerpo, los más sucios e impertinentes. Y es entonces, en mitad del amor, que me vuelvo onomatopéyica porque no existe ese lenguaje, el de la vena que me cruza y da existencia. El del ojo a reventar de sal. El del pumpum bajo la ropa. El del jadeo que se queda a vivir en la garganta. Tribales, abriendo la puerta al buen salvaje que nos habita. Yo las cóleras las ahogo entre mis piernas. Traigo desperfectos y costuras macabras que me hice a mi misma donde y cuando dolía. Porque todo tiene remedio excepto lo que ya sabemos. Traigo embarcaderos y como hija de pescador, sé arriar tus velas.
Aquí puedes vararte, en nuestro callejón, te está esperando un volcán sobre un banco cubierto de nieve.
Cuando la sangre nos latiga, estamos vivos.

Y nos salva, saber que somos ciclones que ni buscan ni necesitan poemas que nos den más laureles que precipicios. Que lo nuestro, con la tinta, es puro vicio.


https://www.youtube.com/watch?v=Hl-pplTVcvg





lunes, 12 de octubre de 2015

selfish



Aquí está el mundo.
Tú ni sabes de la violencia en la que estás implicada.
Forrest Gander



Nos hacemos selfies perjudicadas en baños de antro a altas horas de la madrugada inmortalizando nuestras horas bajas y no tenemos la coartada de la edad.
Nos enamoramos a media primera vista y no tenemos el perdón de la ceguera.
Hurgamos la emoción a lo Stanislavski, arañando la entraña, 
creyéndonos únicos y complejos, 
para acabar abrazados al alka-seltzer, la ojera y el melodrama. 
Nos lanzamos a abismos con arneses imaginarios desoyendo consejos porque llevamos cuatro décadas -o más-  sobre el mismo asfalto viendo como los cielos son algo que no se toca y así creemos entender la gravedad.
Nos tatuamos para ser diferentes y acabamos siendo clones bañados en tintas mediocres.

Nos exhibimos en nuestros poemas derramando todos los fluidos habidos y por haber y ya ni sabemos si gozamos o lloramos.
Jugando a ser bukowskis o pizarniks mientras se retuercen por ello en su más allá.
Nos decoramos las heridas, nos lamemos las culpas unos a otros como gatos esterilizados que no supieran querer a nadie.

Seres tecnológicos y decadentes al mismo tiempo. Crecimos con Blade runner y leímos a Baudelaire.
Hicimos interrail y nos enamoramos en Chekia. Sudamos en alguna rave y ahora renegamos de ello.

Le buscamos atajos al verbo para acabar no diciendo nada y terminamos en el naufragio de la estrofa recién nacidos a la intemperie. 
Somos felices los dos minutos que suceden al poema y el resto es buscar algo que nos salve de la certeza de ser una versión empeorada de uno mismo al releerlo.

Erramos como novatos en la emboscada del amor y después miramos hacia otro lado colocándonos la ropa, el barro y el decoro tras la caída.  
Nos reseteamos fríos y  masticamos sobre el teclado la huida.
En slow motion nos observamos, y olvidamos que no todo resiste, 
que somos maleables, permeables y fallidos 
y dejamos que nos penetre cualquier cosa excepto la cordura.

Y después de tanto, sin edad, sin coartada, sin remedio, 
con resaca, deterioro y algo de pena, 
pienso: he tenido frío
y  constato: no sé reanudarme.

Ojalá entendiera que los mejores poemas se escriben con aliento y carne.

viernes, 2 de octubre de 2015

la ansiedad de la polaroid
























naked hurricane at quarter to eight
thas's me
that's my decay



Voy a sacarme el corazón cuando se asusta
y cosechar el latido ajeno
de estas redes de arrastre
y volver a la cama de 90 para no sentir el vacío
-aunque no sea una gran idea-
mientras se me comban por dentro tus huellas

Es imposible que deje de radiografiar tristezas y gemidos,
de eso están hechos mis poemas,
con rapidez,
bocetos ansiosos que se teclean entre muslos y labios,
algo de desproporción en mis miedos,
las drogas de tu cuerpo,
y tu lengua dibujando chemtrails en mi espalda,
alquimia y derrota
el desbarajuste de la herida tardía
y ahí,
mis caballos nerviosos
y yo vomitando libélulas mientras corre la noche

suena empty bed de Tim Kasher
mientras aparco el coche
ganas de mojar las ojeras, bellos indicadores del fracaso.

estamos hechos de citas hermosas que vienen a definirnos
aunque no sepamos quiénes somos

no soy cola de cometa
ni tú luz de faro
un corazón hambriento aguardando algún espectáculo tal vez
el traje hecho a medida del esperpento y poco más

que le voy a hacer si la deriva se acuesta conmigo
y me lo hace hasta el final.

me asemejo a una estatua que se ahoga en tu café
pero no temas, te meceré en mi tinta sucia

la soledad es una boa constrictor
se tumba junto a mí en la cama
y me mide
con el propósito de engullirme entre jadeos

pero me acostumbro

a la orografía erógena del desequilibrio.




domingo, 13 de septiembre de 2015

hasta que no puedas soportarlo



Eres la tormenta perfecta en mi pecho. Mi exitosa bajada a los infiernos sin pretensión de regreso. La caída en el placer. La lengua en mis neuronas. Puedo vivir en cada una de tus debacles. Cuando te sientes pequeño y no queda magia. Dejo crecer la hierba en los rincones, donde el instinto monta guardia. Donde fabricamos soles y nubes. Cuando sudas lejos del amor, te amo. En el reverso de la hoja, te amo. Fuera de foco, te amo.  Sé que podemos abastecernos de asfalto y promesas, drogarnos con la guarida que son los cuerpos, cuerpos como malditos lupanares que cuentan historias, que zozobran, muerden, gritan, se enferman, se arrastran, se pierden, se excitan, se olvidan, viven. Y así, con la boca herida perpetrar el poema, algo que suene a escapatoria pero enloquecer con las sienes ardiendo y la bandada de estorninos que se incrustan en los pechos. Te voy a amar hasta que no puedas soportarlo. Y soy incapaz de describirlo de un modo suave. Necesito saltarle las costuras a tu cerebro. Que te duelan los centímetros entre las pieles. Que te amarres a la pared y sientas mi latido abarcando todo el cuerpo. Hincharte las venas y poner nombre a tu enfermedad. Animales y sus arterias. Foto finish de los amantes, quién llega primero. Tener el corazón de alabastro para saber salir corriendo. Pero vivos, eléctricos, nerviosos. Manantiales de leche. Deambular coños estrechos. Los sueños, hacerlos. El despertar y el atrezzo para luego.

https://www.youtube.com/watch?v=26Ur-tV_rIQ&feature=youtu.be

sábado, 8 de agosto de 2015

de lo absurdo y lo fugaz













How can you have a day without a night
...
like a soul without a mind
in a body without a heart
I'm missing every part


Al final hay un estallido, siempre lo hay. Cuando la grieta amenaza apertura en canal y el papel va a ser la palangana mágica que llenaremos con lo turbio. Cuando se descontiene todo. Nace en un momento pero cuando lo pienso, siempre muere entre estas cuatro paredes. Habitación desembocadura. Cauce. La ventana dibuja almendros, esos que danzan de noche. Se ven tan secos este año que quiero llorar. También una parra de uva negra atrapa una brisa. 

Esto no es un poema ni lo pretende. Es solo hablar del poema ensangrentado y de cómo aprende a cruzar calles, subirse a coches, dar dos vueltas de cerradura y entrar aquí dentro, conmigo, para quitarse la ropa y tocarse un poco más el alma. Con desparpajo arrancar el llanto como un motor viejo que nos llevará a duras penas aunque no sepamos dónde. 

Este poema que no acabará siendo poema, nació la otra noche. Cantaba Nell Shakespeare, una versión de good fortune de Polly Jean. En realidad fueron dos, dos canciones follándose una a otra en mi cabeza. Túrmix lírica que no requiere red eléctrica. Me rompí mucho con unfinished sympathy escupida de su boca. 

Quería hablar de habitaciones y esa soledad. Estructurar desordenadamente, como siempre, el revoltijo de sensaciones que me inunda. Conexiones: el sonido del ventilador es verano, el crepitar de la leña ardiendo es frío y tu nuca en mi mano dibuja mi hermoso desequilibrio. Y de la transformación. De cómo se nos va de las manos. De que un texto con luz que contenía un sol maravilloso acaba apuñalando la hoja. De los preliminares que no se reconocen en ese orgasmo sucio y delicioso. De lo maleable de la idea. De cómo la derecha vomita algo en posits que a dos manos doblan la herida sobre un teclado. Y de cómo nos sentimos después. Del amanecer del revés, con las costuras, carne vista. Y el dolor en un cuenco amarilleando en la cocina. Después de la habitación, después de soltar la parrafada, el verso, la neura, el gemido, siempre hay un momento de plenitud y no es más que el desalojo de alguna rabia, destrozo, pena, fluido. La espina en la garganta que sale y no nos deja morir en el restaurante. Salir vivos después de morir un poco. Gozar nuestro propio maremoto. Y que todo de igual. Porque sí, porque la habitación y el interior se me desordena siempre. Una anarquía total, da igual cuántas veces los trate de ordenar. Alfabéticamente, por género, por impulso, ellos están vivos. Las risas, los ayeres, los escalofríos, los días de lluvia… Al final Charles se pone diletante con Bolaño. Félix Grande siempre acaba pegado a mí y Cortázar inventa rayuelas en los estantes. 

Al final nos gusta besar el suelo porque somos algo reptantes en la caída y algo kamikazes e insensatos antes de la misma. Como dijo Frida: qué haríamos sin lo absurdo y lo fugaz?  Yo no lo sé, qué haríamos sin los poemas que no son poemas, si apagáramos nuestros géiser, nuestras ganas, nuestra libertad. Aplaudir la lobotomía? No, gracias.  

unfinished sympathy by Nell Shakespeare

martes, 28 de julio de 2015

apenas tres lágrimas y dieciséis volcanes
























Así, sin más. Tres cuartas partes de agua salada, un huracán enjaulado en el pecho, tres octavas de histeria cuando descontenida y un arrecife de ternura para los días de gris y melancolía violenta. Se abría de ventanas, ofrenda de carne al temporal, dádiva en el desconsuelo. Entrara luz o noche. Tramontanas o sirocos. Irresponsable en su dolor. 
Mantra: “descansar sobre tu pecho es el paraíso”. “Enredar dedos en cabello. Asalvajarnos. Dejarnos entrar sin forcejeo”.

Mira, estas son mis miserias. Tengo más.

Se me está oxidando la mirada. Los ojos verdes enormes de antaño, se achican como lagos en el desierto. La constelación de lunares se multiplica para que te quedes eternamente contándolos, mientras olfateas excitado mis vertederos de emoción. Y canalizo las horas bajas y las convierto en pértiga hermosa para abandonar glaciares y furias y otras cosas que no tienen nombre.

Aunque no nos llegue la ropa para cubrir las cicatrices, sabremos hacer hogar de las derrotas.

Leo a poetas muertos, la mayoría, como si me hablaran de ultratumba y me llenan de una aleación hermosa de paz y jolgorio mientras abren de piernas a la vida.
Con el regusto de la pesadilla enjambro amaneceres, los días sangran cuando nacen y sangran cuando mueren. Puedes oír cómo me inyecto de infinitos. Siempre somos eternos en el momento. Inmortales en el gemido. Imitando el rugido de la llama. Cosmos. Rematar el abismo con el arpón hermoso de tu energía. Haciendo morada del poema. Antiaéreo de palabras. Haciendo huida en el propio cuerpo, derramados en la alucinación del sinsentido.  

Leí esta mañana que el deseo esclaviza pero no conozco mayor cárcel que la desgana. Prefiero el hilo tenso, llámame equilibrista. El garabato de las lenguas que se buscan. La cuneta en la que agonizan los amantes mientras pasan los trenes gloriosos. El mapamundi de tu mentón a tu rodilla. El viaje de los ojos que se miran los fondos. Cualquier brillo de nuestros fluidos antes que el neón. Y que mi sed se enamore de tu espejismo.


Morimos pero a veces nos vamos dejando morir. Pretendo no olvidarlo. Pretende conmigo.

lunes, 20 de julio de 2015

el calor y la fiebre



Está el calor y está la fiebre. Hay cielos y hay jaulas. El agosto o la infección. El sudor o fabricar tú y yo la sal. Mares hambrientos que nacen en las bocas que pretenden hundir naves para inventar islas, leer estrellas y vientos.
Quiero hacerme con el verbo que dobla distancias y ansiedades. Aprender que mi vida es un plano secuencia que no puedo detener. Que existe un universo semihundido pegadito al esternón que tampoco sabré/querré frenar. Que el silencio es una lava que separa y momifica el momento. Ojalá detenida en lo salvaje. Descabalgar la rutina y hacer algo con los huecos. 
Absolutamente desesperada, es lo más yo que sé ser. Con un leit motiv capaz de incendiar glaciares. Bendita la rabia de verme esclava de tu alquimia, encontrar mi droga entre tus brazos, no sé si infierno o salvación, pero sí, rompeolas de la hembra que viene a dolerse. Bendita y rota, en la terapia de los veranos de la carne. Vamos a sobornarnos con momentos, apresados en ámbar para lo eterno. Justo ahí, el labio devorador. Justo ahí, la palabra que no se necesita. Ubicar las ganas en el meridiano exacto que cruza nuestros cuerpos. Y el silencio de las gargantas que se rompen. Seco el lago tembloroso del llanto de la perdedora. La fugacidad del momento será un tesoro. Me concentro en mi maleza, perdida y brutal. Nuestro aleph y después disfrazar a la bestia. Hacer del poema, tumba lírica para nuestros destrozos, tan ebrios de abismo.

Necia, que te aplastas el corazón entre las costillas con tal de enmascararlo y no venerar el latido. Ven a precipitarte en el poema, sin estribos, con tal de rajar la pena y que sea de todos. Torrentera del desconsuelo para pasear. Que la obscenidad de la página en blanco te da dentera. Palabra/ala de la obsesión, qué bonita te ves cuando no dices nada. Me resuelvo en ti tan ecuménica, tan cuadriculada. Dos cuerpos, cóncavo, convexo. Magia. Enamoramiento. Follar. Sin fondo. Vivir en el Maelstrom. Quiero la eclosión y cirrosis en el alma. Correr por la belleza sin tiempo.

jueves, 18 de junio de 2015

rojo marsala



Yo creo que Sheri amaba a Charles de alguna manera. Pero casi sin acercarse. Y el autobús que atropelló a Papasquiaro debería arder. Y que Anne Sexton se hurgó entre las costillas mientras le dictaban todos sus labios. Creo que los cajones contienen más poesía que las librerías. Y que prefiero un concierto a un recital.
Y ojalá pudiera decirte que desconozco la congoja. Que nunca viene por casa. Que me bebo las cervezas por gusto. Que cuando arrebatada, en el jardín, entre las flores, me lleno de tierra y sol el pelo, no estoy escapando de algo. Que no descascarillo la pared de mi habitación con la mirada para hacerle más ventanas. Ojalá ser ventana. Y saltar de mí misma al otro lado.
Que si te digo que me escondo en palabras grandes y no es por miedo, te estoy mintiendo. Que me sé las calles como me sé mis venas. Que digo turbulencia para que agarre la casa entera, con cada rincón. Que aquí dentro fabrico el caos. Dentro de todo. Que contigo quiero vestir cada umbral de muérdago y cada cama de naufragio, es algo tan tonto como verdad. Morirnos un poco antes de morirnos del todo. Petite mort. Aunque ya no hay tickets capicúa en mi bolsillo, esos que nos daban suerte, sigo cruzando los dedos con matrículas repletas de sietes. Que no me resigno ante las vísceras del pasado. De hecho las esnifo para sentirlas mejor. Que no sé de dónde vengo pero a lo mejor no me he movido. Como una borrachera que te trae el mundo al salón. De los amantes y sus dentelladas podríamos hacer un simposio, no crees? Vomitarnos prosas uno al otro, diabólico tête à tête, mejorar nuestro punch mientras desvestimos al héroe. Que los atardeceres de este verano serán rojo marsala de tanto fuego que es el rojo de moda. Rojo casi de vena. Rojo bonito. Rojo de deshacernos.
Llenos de dolor y excitados, así somos bombas. Que después de la devastación llegarán las adelfas, como en Hiroshima. Lo inundarán todo. Pero antes, que me beses las rótulas y las muñecas. Antes, colgarle dos rombos a la habitación. Barcos pirata surcando el asfalto. Ansia. Soy yo misma, me veo arder, me quiebro. Y nuestra tela nerviosa, custodiando la penetración. Esmaltando paladares. 
Que mis ojos sean tu clochard y me lo des todo. 

martes, 9 de junio de 2015

komorebi
























Quise encontrar la palabra que definiera el momento que sucede a tu cuerpo, a tu voz, a tu presencia, a tu géiser. La palabra que incluyera cierta devastación porosa de los sentidos, como un derrumbe silencioso e íntimo que trepa la vena y se instala en cada órgano, con su frío, como pequeños yunques taquicárdicos y furiosos que dibujan las llagas y los temblores. Nuestro después, ese que contiene un vacío que es más que un vacío. Que hable de cómo se me queda la habitación en harapos. Que albergue un galope desolado, un mar y su vastedad pero con todo el significado de su profundidad y negrura. Cuando las olas del oxígeno hinchan y deshinchan pechos. Cuando parece que basta cerrar los ojos. Pero no existe. Esa palabra no existe. Y la necesito.

En japonés Komorebi define la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles. Mångata en sueco es la carretera de luz que dibuja la luna sobre el mar. Y Waldeinsamkeit en alemán es la sensación de soledad que se tiene en mitad de un bosque sintiéndose en contacto con la naturaleza.


Cuando no existe el bálsamo de la palabra hay que buscarla y quien la necesita la encuentra. Necesidad de acotar ese sentimiento en una estructura gramatical, sonora y repetible. Poder abandonarla sobre la hoja, manosearla, escribirla cien veces y llegar a odiarla, pervertirla. Como una doma del instante que mezcla dolor y plenitud. Palabra que sea el barco guía, el práctico que entra al buque en el puerto, y lo deja quieto, a salvo. Que deje quieto y a salvo el dolor. Apagar el zumbido y no cargar con el equipaje del momento. Como meter en el cuadro el paisaje que sostiene la duda. Entender el cuerpo que se enciende y se apaga, cual faro de carne que ruge entre las vértebras. Ser incivilizada contigo es disfrutar el alarido, ungida de un léxico de fuego, sólo trazando mareas y gritos. Pero debo huir del momento innombrable. Después de entrelazar cuerpos, lenguas, miradas, con esa geometría de los pulsos, sacarme de ella con una palabra, una sola. Callar belleza con lenguaje. Deshacer los nudos. Una palabra, una sola, cinco, seis, ocho letras. Lo que sea, pero atar ese cuarto de hora que te sucede en el que no hay anclajes, en el que el suelo desaparece. Achicar el universo para encontrarme, forjar rumbos de codeína. Traducir mi violencia en ti y por fin entenderme.




martes, 5 de mayo de 2015

el contraplano del poema



Una mujer se dispone a desalojar un pensamiento carnoso, prenderlo en la planicie de la hoja blanca, virginal que la pretende. Melena castaña de puntas abiertas, los ojos verdes, ojeras en el alma que nunca nunca le duerme.
La trastienda de ella. Envuelta en libros. Bunker de papel. Un calendario que aún reza Abril. Descalza. Siente el ventisquero de impulsos/palabras trepando la arteria a pelo. Se detiene en la estructura piramidal del pasado y en su contenido, soñarse cada vez más ligero pero cargando el alud. Intenta la palabra. Una botella vacía de verdejo El perro verde aguarda en el salón desde anoche. Le encanta su sabor, le encanta la etiqueta. Y la descripción: embotellado para uvas felices.

Piensa en esta promiscua sensación de amar cada poema, mientras nace, mientras crece, untarlo de armonía y abandonarlo hasta el olvido envuelto en una placenta desconocida. Un té verde humeante, en una taza de Forges con su típica mujer que nunca fue felliniana gruñendo un chiste. Bajo él un posavasos de Moritz que vino en algún viaje. Una casa de cien años en la que han nacido y muerto muchos. Una perra amada de hocico frío tirada en el salón cual alfombra de fiera inerte. El poema quería ser el desahogo del leviatán de tu ausencia. Matar al monstruo. Volcarlo en Century gothic de tamaño 10, por no poder morar tu periferia. Un cenicero de cinzano que ya no alberga colillas, como un cuerpo que ya no está hecho para arder. La llamada de una madre que interrumpe el instante, arranca una carcajada y un compromiso para mañana. Su foto en una playa del Este de Inglaterra pegada a la torre del ordenador con un imán de Banksy. Un tarro de cristal con una libélula a tinta. El jolgorio de las golondrinas en la terraza. Arrancar el verbo/espina que vive incrustado en mi clavícula esperando tu boca. El aroma de una vela que arde en el suelo dibujando un halo de luz en la baldosa rojiza.  La guía del digital que suena en el salón como hilo musical y justo ahora, esa maldita versión de creep que fecunda su cerebro desde hace tres días.  Que estalle el lenguaje aguacero y no ser la misma al levantarme. Las muñecas apoyadas sobre el frío cristal de la mesa. Pantalla lienzo que desmaquille de inutilidad el día. Como una balsa en la tormenta, resurrección tras el atropello. Una ventana pequeña que arranca un pedazo de cielo y la copa de un almendro. Libros, ropa apilada en un sofá-cama, zapatos de tacón, amoroso desorden que alberga secreto. Catapulta para las obsesiones.  Tripular la espuma de ocho mil mares. Indagar nuestra desnudez y bendecir los vértices, las brújulas y las derivas. Y entonces abandonar, salir de la habitación, cenar algo, volver a tener frío.

miércoles, 29 de abril de 2015

con tinta, en papel sediento



































En las palmas de mis manos vienen marcados los surcos/caminos.
De ellas también mana la urdimbre del vocabulario del ojo,
para empuñar mis recuerdos tramposos sobre la hoja,
o abrirme por dentro y hacer autopsia de la pena y sus escorias.
Con la luz restada de la tarde, desembocarme,
enjuagarme el tiempo perdido,
en mares misteriosos que brillan como los labios, como la locura.
Y escucharme, por dentro.

Y así decirme, con tinta, en papel sediento,

Que

consideré los cuerpos ciudades, me adentré, 
errando calles,
confundiendo trazados, 
alabando arquitecturas.
Emborrachándome en ellos. 
Lamí sus tugurios. 
Fui vaho en la madrugada de algún coche. 
Desperté varias veces. 
Limpia y plena en ocasiones. 
Amnésica y rotunda en otras. 
Amé las resacas y me dejé conmover 
por las palabras y gestos en oscuros callejones. 
Me infecté de profundidad. 
Reina bipolar, 
roca en la paciencia, 
pluma en el fuego. 
Olvidé mi densidad y me atravesaron huracanes, 
cíclopes de lluvia envenenados de ego. 
Esponja, hembra, 
tan tóxica, impura 
como niña despeinada en tus campos.
Me aferré. 
Desnutrida y lírica. 
Incansable, extranjera en tu carne.

Hurgué cavé en el corazón, 
flirteé con mi propio desprendimiento, 
la idea de no volverme a mí misma. 
Yegua sacrificada, 
desdibujé tus lindes y emergí del dolor, 
de las ruinas, 
de los glaciares que nacen de un adiós.

Me desfiguró la congoja de sentirme perdida por un momento.


Contemplé la grieta e imaginé la fuga del amor, 
como un idioma que desaprendemos de no usarlo, 
como un cántaro de dicha líquida golpeando mi propio suelo. 
Con el vientre exaltado, 
delinquiendo con saña en mi hondura, 
apreté la mandíbula, 
improvisé itinerarios en avenidas incendiadas y desconocidas, 
y me revelé de nuevo aprendiz y tropezada, 
reconociendo la vida un esbozo constante. 
Desplegué el arrecife, prendí hogueras, 
escuché mi pulso acelerado, 
toqué pie en mí misma. 
Y volví a respirar reconciliada con el animal que me habita.




sábado, 18 de abril de 2015

poema drenaje



Soy la que habita esta malpagada soledad que llena todos los estadios de mi alma.
Eterna aleación de la hembra que vuela y naufraga.
Me estrecho para atravesar los domingos sin que me vean
de puntillas, insonora, indolora, como la nada.
Hago cuenco con mis manos, por si las lágrimas,
que luego vienes a pedirme la sal.

Traes tu voz calmante, para la desnortada niña que me vuelvo de vez en cuando,
que las hojas muertas borran los caminos de regreso
y cuando me nublo no me sirve ningún sol.
Traes el poema drenaje,
el deseo amplificado en tu mirada.
Toda mi extensión para ti, tan señalada de abismos y alambradas.
Hinchados de suspiros para respirar en los fondos
en la belleza submarina de algunos versos
que no se sabe si eran sangre o eran yodo.

Fabricar huidas y dejar atrás las costumbres,
sus manicomios, sus maromas.
Volvernos carnada,
dulce señuelo que pliega cual abrigo su coraza.
Intentar romper el día, partirlo como una baraja,
hallarnos en un punto impreciso pero precioso.
Sellar la noche en nuestros cuerpos
Un altamar del vicio hecho con nuestros restos
y que nos nazcan líricas branquias.

Sernos
Encerrarte en mi boca
y que el poema conspire bajo tierra
y eyacule cantos extremos
y árboles que serán ataúdes o libros.
Dueños de nuestra propia gangrena.
Con crayón darte mis más obscenos colores,
justo cuando las ideas en mi cabeza me ensucian la boca.

La aventura de la conversación que caliente el futuro de la próxima media hora,
las arrugas del mantel
augurando el oleaje del vino en la habitación
que ya se esculpirán mañana los fracasos de este momento,
ya volveremos sin remedio al mar de los sargazos
y a los lamentos.

domingo, 12 de abril de 2015

más o menos eterna
























19:47
cicatrices/cremalleras, almacenes del dolor.

Derramados de llanto y placer. Nuestros momentos horizontales
simbolizan vuelos, huidas dentro de una pausa distinta, de demora dentro de nosotros.
Tú en mí, yo en ti. 
Tenerte es una plaza con sol. Es entender el verbo y su néctar.

Gajos de esperanza en las miradas. Y los renglones de tus muñecas, ríos azules de hermosa pulsión en los que ir a la deriva es vivir amarrada y ciega a un timón. Dibujarnos en la tormenta y reconocer que el amor es una borrachera, más o menos eterna.

##unfinished##

martes, 31 de marzo de 2015

fuera de los mapas


























Joe Strummer besando a Gaby, 1981



Aún no sabía que era posible ponerle letra al daño, acotarlo en la estructura de la página vacía. No sabía que desbrozaría el corazón inútilmente, sin entenderlo bosque que acabará incendiado. Ni que haría del acercamiento un ritual sin pánico. Que inventaría pinceles para mis tardes. Que aguardaría la alucinación del lenguaje sin prisas pero sin descanso. Que el cuerpo tendría otras hambres y que la libertad sería el mejor de los escenarios. Que le pondría sangre y azúcar a los recuerdos para no odiarme demasiado. Que sería capaz de naufragar en ciudades lejanas, con los labios despintándose en otras bocas. Que cargaría con el ayer como un ancla, y fondearía en mi cuerpo, en tu cuerpo, lugares salobres donde los haya. Que crecería odiando los domingos por la noche. Que habitaría el aguacero/llanto. 
No sabía que aprendería a contemplar mis venas nerviosas, mis lunares, inundando mi piel, ni que la habitación sería dulce campo de batalla. Que me dirigiría a la fiebre herida de inviernos, con el ansia como quemadura, dopada de ilusión aún con las redes rotas. Que la piel sería sedal para otras pieles. Que me tricotaría a tus huellas, tan culpable. Que fabricaría noches artificiales buscando hoteles sin ventanas. Que acercaría a mis animales a la hoja en blanco, y fabricaría de mi pulso palabras con las que hervir la imagen en mi memoria. Que sería capaz de penetrar el duelo y trocear paraísos para sanar horizontes rojos. Que aprendería los vientos y me afectaría la tramontana. 
Aliviaría la carga en cada verbo. Me derramaría en tintas, pestañeos y pronósticos equivocados. Para no ser de este mundo. 
Que me perdería en la arquitectura de un abrazo. Demorada y silente. Que aprendería a olfatear tus coordenadas. Que nos asomaríamos el uno en el otro sin arneses. Que labraría mis campos para abonarlos con penas sicilianas y fados portugueses. 
Que construiría un promontorio de palabras desde el que arrojarme dentro de mí misma. Que sanaría vacíos y abriría cicatrices, curiosa e hipnotizada por el propio placer de saberme entera tras los accidentes del órgano que late. Que sería lastimada y dichosa en determinados momentos. Que reescribiría heridas y sus límites y hablaría de los sexos y su resina, y del salitre de la piel y sus esquinas estremecidas. Que perpetraría veranos eternos en mis calas y orillas de carne. Que sería equilibrista en el desorden. Que caería en lo indescifrable de la sed, fanática de la hondura del momento imparable.
No sabía que te encontraría fuera de los mapas.


martes, 10 de marzo de 2015

La fenicia de los engranajes y el alma descompuesta




















foto: Anais G.C.



Ven, siéntate junto a mí, quiero mostrarte mis engranajes. Quiero hablarte de ellos calma y prudente, con la calma y la prudencia que traen en algún hueco las hembras de ovarios repletos de melancolía. Las de las alas de cóndor que sólo sirven para barrer la tierra. Quiero hacer de la convulsión de mi cuerpo tu recreo. Pero no ahuyentarte con el lenguaje taquicárdico que me invade de vez en cuando, en acto de ventriloquia salvaje cuando quiero/pretendo arreglar mi vida a martillazos. No quiero darte noches con olor a hospital, vendrán solas. Sí curvas cerradas entre mis piernas de las que acaben con tu vida una y otra vez, una y otra vez. Quiero llenar de árboles nuestros jardines para que entren las ramas por nuestras ventanas y ahorquemos en ellas los momentos feos y la metástasis del conocerse demasiado. Quiero domesticar de vez en cuando a la rutina y su efecto, dejarla entrar como una marea que igual que sube habrá de bajar. Que me moje los pies pero nunca los ojos. Ya porto mi sal en el piso de arriba. Ya fabrico mi propio e incunable desamparo. Y sé vaciar la habitación y sé dejarme sola en mitad de la gente. Sé inundarme con lo bueno y lo nefasto. Hasta arriba. Encharcar la mente de pequeñas y salvajes rabias que vienen con espuelas y dientes. Soy mi efecto depresor. Soy mi trinchera y enemiga. Guardo un acero en el estómago y sé donde dolerme y a qué temperatura. Me vuelvo tibia de repente. Gris y apenas estremecida, me brindo oceánicas tristezas a todas horas. Entro en bucle. Pero acabo levantándome de nuevo a la siete y veinte. Será magia. 


jueves, 5 de marzo de 2015

corromperme contigo, deshabitar la escafandra
























Subir y bajar como una palangana de agua sucia en un burdel,
lo llaman ciclotimia. 
R. Wolfe



Me enseñas a medirme con la boca la distancia del labio al vientre
hasta aprenderme por dentro.
Me muestras cómo se desata la profundidad del instante,
dejar que se abra como un trozo de tierra seca
y hurgar en nuestros futuros con precisión suicida.

Me acercas a mi propio cuerpo
como a un chelo al que rasgar cada cuerda
notas como aullidos
desde el núcleo,
dilatar nuestras líneas con cualquier excusa.

Y hacer
del cuerpo, instrumento que ladra,
que se vierte,
que escuece en caídas,
serpentea, se derrota.

Del cuerpo, herramienta,
patchwork perverso de heridas, palabras, desiertos y atentados.

Me inventas espartana, descalza en la noche eléctrica.
de pecho inflamado en suspiros.
Sola, en mitad de una casa que se agranda por momentos.
Sola, en un campo de batalla tras la lucha
tras el eclipse de la cordura
tras la catarata de amor

A veces el derrumbe es delicioso
si las paredes estaban dentro.

Deshabitaré la escafandra
y exaltaré ahora el paisaje del abandono,
te haré inventario con mi innegable creencia en los pedazos.
Propios y ajenos.
Tuyos, míos.
Amalgama de los restos del naufragio que nos decorarán las orillas
y llamaré a las cosas por primera vez.

mientras huimos de la atrocidad de haber nacido y no sentirnos vivos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

antiPoema en 5 actos




______________________________________________________________ACTO PRIMERO
//jueves, mujer devorada en sombras, noche, frío//

alabar el destrozo de la cordura para arribar a puerto
tan loca y deslavazada,
hobby diabólico.
náufraga, de brazadas en mitad de la prosa
palabras hilvanadas al paladar
vestida de rabia y tumulto
y siempre tan callada
contar caballos salvajes por dentro
para caer en el sueño de la debilidad
y llorar mientras duermo
océano en la almohada.
Y tanta pena, inundación como terapia.
Hacer, ser, mar.
Arrancarle toda la belleza a mi fracaso.



 ________________________________________________________________ACTO SEGUNDO
//Viernes, habitación, suelo, cama, pared//

De repente a la habitación le nacieron millas y millas de frío.
Se reprodujeron los acantilados,
a sus pies,
en mis labios.
Y tú y la incertidumbre de mis volcanes.

Y los deseos como lobos con sus dominios,
suaves y afilados, llenándome la cabeza de tu cuerpo.
Y seguía abrazada a tu esternón
mientras pasaba la tarde salvándome la vida.
Dios de alabastro, cuando sangras te adoro.
Quién nos hizo abandonar nuestros paraísos
y dejar de tocarnos con los ojos




  ________________________________________________________________ACTO TERCERO
//Lunes, calle, gato leonino, mujer bajo toldo//

Aguardar el gesto, la palabra,
como la lluvia anunciada,
con toda la dramaturgia que conlleva.
Esperar que cese. El tiempo como calmante.
Embarazada de sueños, una mujer aguarda.
“Todo va en el mismo barco”, se dice,
“el desespero y la esperanza”.

Llegar a casa, acariciar al gato hasta gastarlo,
manosear un latido, un calor,
mientras aúllan los espejos
en los que no nos reflejamos.
Pensar en Girondo y en
“los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes”
Y verlo todo.




_________________________________________________________________CUARTO ACTO
//Martes, hotel, abril, pareja, sangre//

Ella, mujer de estaciones,
se tiende como se tienden los puentes
para unir distancias.
Como se tiende la mano
en la catarsis del salto.

Él sólo sabe mirarla hasta morirse
mientras se arroja a la alquimia de las noches eternas
con sabor a Valhalla.

Qué hermoso detener el tiempo
y no pensar en el pánico de los desbocados
cuando se desprenden del cuerpo del otro.
Y vivir en la curva emocionante
pariendo poemas o temporales
o hacer que arda un bosque en mitad del verso.
Darle sentido al lunes, al martes, a las 3:33,
al suelo frío, a lo arrebatado.





























__________________________________________________________________QUINTO ACTO
//Domingo, viento, amor desmembrado, holocausto//

Con un domingo poco pude hacer.
Ebria en lo plomizo, hasta el doble, triple fondo me dejé caer.
No al fondo de tu boca, no.
Al fondo de la intoxicación del séptimo día,
con las brújulas rotas del que no sabe volver.
En lugar de abandonar ridículos altares
y alabar tu nuca, tu axila y tu corazón-arpón,
fui albatros desangelado que lame orillas de pozo.

El caudal del ojo triste es infinito, me dije.
Bajar rabiosamente deshecha es hasta lírico, me repetí.
Fracturada en el tercer espacio intercostal,
es irremediable.
Fábrica de mis espinos, la conciencia,
24x7 abierta.

Todo pasará.
El corazón y sus turbinas y sus furias,
el plexus que conforman nuestras sinrazones
nunca se van del todo,
vuelven y justifican la llaga del tiempo,
o eso intentan las malditas.